Esta vez no fue una advertencia. Erick llegó, golpeó y dejó una estela de afectaciones en varias regiones de Oaxaca. Miles de familias han perdido casas, cosechas y caminos. En las calles inundadas de las comunidades afectadas, no hay espacio para discursos ni para la indiferencia institucional. Lo que urge es acción, coordinación y recursos.
Desde el PRI hemos sido claros: la desaparición del FONDEN fue un grave error. En tiempos donde el cambio climático agudiza los fenómenos naturales, dejar al país sin un fondo especializado para atender emergencias es condenar a la gente a sobrevivir por su cuenta. Por eso nuestra propuesta ha sido reactivar el FONDEN, no como bandera política, sino como una necesidad básica para salvar vidas y reconstruir futuro.
Como oaxaqueño duele ver a nuestras comunidades pasar otra vez por lo mismo: familias esperando ayuda que no llega, caminos bloqueados sin maquinaria, escuelas dañadas, y la angustia de no saber cuándo regresará la normalidad. El gobierno federal centralizó recursos, pero dejó sin respuesta a los estados cuando más lo necesitan.
Oaxaca necesita infraestructura de protección civil, reservas de apoyo inmediatas y planes de contingencia con respaldo financiero real. Y esto solo será posible si existe voluntad para corregir lo que se hizo mal.
El huracán ya pasó, pero la emergencia sigue. Que Erick no sea solo una anécdota triste en la historia de Oaxaca. Que sea un punto de reflexión para que se nos escuche y se actúe. Porque ya nos tocó. Y no podemos permitir que mañana, cuando vuelva a pasar, sigamos igual.

